John Berger y Bacon

Ayer murió John Berger. Un deceso que, aunque ha ocupado algunos espacios en los medios de comunicación, apenas ha representado un pequeño homenaje a su figura. Sobre todo si se le compara con los grandes titulares que han acaparado a los largo del año pasado otros decesos de escritores, músicos y, en general, otros creadores.

Berger fue un importante escritor inglés. A decir de los críticos, el mejor escritor británico de su generación. Sin embargo, siendo esta una faceta importante de su trabajo, su mayor importancia radica en su condición de ensayista y crítico de arte. También pintor, dibujante, poeta y agitador social y cultural. Tuvo un inmenso impacto en el mundo del arte con su ensayo sobre los “Modos de ver”, en el que analiza como nuestra manera –o modo- de ver una pintura al óleo se refleja en la interpretación de aquello que vemos. Ese ensayo y la subsiguiente serie de televisión marcaron un hito, hoy día indispensable,en la teoría del arte y de la comunicación visual, influyendo en muchos aspectos culturales que sobrepasan la idea inicial de los cuatro artículos que componen el ensayo.

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Su pensamiento y sus ideas fueron evolucionando a lo largo del tiempo hasta dar forma y profundidad a uno de los más extensos y homogéneos trabajos sobre la forma de encarar la visión y el disfrute de la pintura. Nada mejor para expresar esta idea que su relación con las pinturas de Francis Bacon. En alguna de sus primeras interpretaciones del pintor irlandés consideraba que solamente pretendía provocar conmoción en el público; sosteniendo que su atractivo pronto desparecería. Con el paso del tiempo su percepción de la pintura de Bacon fue evolucionando hasta considerarlo un artista esencial de la pintura moderna. Un pintor que, con el horror de sus cuadros, reflejaba la alienación contemporánea en opinión del escritor británico. Algo que según Berger, también reflejaba  Walt Disney en sus películas y dibujos animados. Resaltaba las sorprendentes similitudes formales entre los cuadros de Bacon y los dibujos de Disney, con parecidos en las figuras humanas, la distorsión de los miembros, la utilización de los ropajes e incluso la gama de colores utilizados en ambos casos. Dos artistas, en opinión de Berger, con la misma actitud frente a la violencia y alienación contemporánea.

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Berger consideraba el Prado el mejor y más importante de los museos del mundo, habiendo paseado innumerables veces por sus salas y analizando muchos de sus cuadros en sus ensayos. Pero siempre con público, que lo consideraba un reflejo de la sociedad española. Por su parte, Francis Bacon solía pasear también por las salas del Prado, pero a solas, cuando ya las puertas estaban cerradas –privilegios de los genios-, y se detenía a contemplar en silencio los cuadros de Velázquez. Nunca coincidieron en sus visitas, pero de haberlo hecho, hubiera dado cualquier cosa por haber podido acompañarlos y escuchar sus comentarios.

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