El geólogo stalker

Andreï Arsenievitch Tarkovski nació el 4 de abril de 1932 en Zarraje, una pequeña ciudad junto al Volga. Estudió geología y al acabar sus estudios se enroló durante los años 1954-56 en una expedición geológica al rio Kureikye, en la provincia de Krasnoyarskse, Siberia. Al acabar, decidió matricularse en el prestigioso Instituto Estatal de Cinematografía (VGIK) para prepararse como director de cine.

Stalker es la sexta película de Tarkovski y probablemente la mejor. Acechador podría ser la traducción más fiable del título de la película en la que el argumento gira en torno a “la zona”, un espacio cerrado y protegido por soldados en la que se rumorea que cayó un meteorito o se cree que estuvo habitada por una civilización extraterrestre. Está prohibido entrar en “la zona” pero un escritor y un profesor deciden romper la ley y penetrar dentro ayudados por un guía, un stalker. En Stalker el peligro se presiente en todas partes, pero no se ve, no tiene cara. Sin embargo, el paisaje si tiene rostro. Un paisaje sin fin, sin horizonte, sin norte. Hay un montón de tanques, fábricas, tubos gigantes, un ferrocarril, un cadáver, un perro, un teléfono que todavía funciona… Todo inservible, desechos industriales que están siendo invadidos por la naturaleza que los traga y los convierte en historia natural.

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Este paisaje industrial fosilizado, este rincón del siglo XX, se ha convertido en un nivel geológico a los ojos del geólogo Tarkovski; quién se adelantó a la ciencia que estudia la Tierra cuando contempla el paisaje antropizado de “la zona” como un estrato, una capa con significado geológico. Estratos generados por la actividad humana que han llevado recientemente a los especialistas a pedir la declaración del Antropoceno como una nueva época geológica. Sostienen que el Holoceno acabó en 1950 y que, desde entonces, los nuevos estratos están afectados por la actividad humana. Desde las partículas radioactivas que cada explosión nuclear ha esparcido por el globo hasta los grandes movimientos de tierras en las obras públicas. También las ciudades, que están generando sus propios estratos con la fosilización de arcillas, metales, vidrios, plásticos y toda clase de desechos. Finalmente, la ocupación agrícola de inmensas porciones de la superficie terrestre aportan nuevos rasgos a las capas más recientes.

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Tarkovski se adelantó a estos especialistas que han pedido en 2016 la declaración del Antropoceno. Él ya señaló en su película de anticipación las consecuencias de la actividad humana en el registro geológico. No es de extrañar que el filósofo francés Gilles Deleuze utilizara las películas del geólogo ruso para explicar su teoría de la “imagen-tiempo” en la que considera que la vida y las imágenes de un film son una sucesión de capas como en la estratigrafía geológica.

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